nro 63 "HOMO-FAMILIS" ¿EUFEMISMO O VIOLENCIA GLOBALIZADA?
Lic. María Marta Depalma- Psicoanalista
Implicada en la sociedad occidental y cristiana a la que pertenecemos gran parte de los argentinos, intento recortar un concepto de familia, despejando cierta sacralidad y dogmatismo moral, que conducen a homologar la tradición con “aquello que ha caído en desuso”.
El hombre es un ser cultural, por lo tanto es lo menos “natural” que existe en la tierra; hay leyes que regulan su condición humana, leyes del discurso que son esenciales al lenguaje humano que no deberíamos transgredir para sostener una falacia.
Los seres “humanos”, tradicionalmente, produjeron y producen genocidios, provocan guerras ¿inhumanas?, como si las hubiera con el estatuto de humanidad, y manipulan cuerpos humanos convirtiéndolos en objetos de consumo, además de ejercer el control social a través de sus instituciones tradicionalistas como por ejemplo “la sagrada familia”. Y todo esto en nombre del progreso, de la libertad, del deseo y de la tradición...
En nombre de la ley me pregunto: ¿es legítimo utilizar un espermatozoide y óvulo para “fabricar” un hijo prèt-a-porte, respondiendo a la ética de los bienes? ¿qué significa tener un hijo?¿cuál es la ética que rige este deseo a la hora de pensar un hijo?
La humana naturaleza se sostiene de su biología y allí radica la confusión con el reino animal y la especie de los mami-feros. Nuestra biología –soporte de la palabra- pone al descubierto la marca fundante del hombre, marca que en el animal no es necesaria para la reproducción: NO-TODO ES POSIBLE.; NO TODO da igual.
No todo se puede, entonces: o se elige para amar al diferente y se hacen cargo de los efectos que de ello se gesta, o se elige para amar-se en el mismo sexo y se asumen las consecuencias que de ello resulta. Y aquí radica la paradoja de nuestro tiempo. Creemos que el avance tecnológico nos hará herederos de los dioses de Olimpo: autoengendrados, eternos y despiadados con lo que resta de la humanidad.
Pertenecemos, por tradición, a esa raza, a ese “resto que causa” que en algunos sujetos se desee un hijo para donarlo a la vida, para lo cual elegimos fundar una familia que por estructura psíquica y por características biológicas estará en condiciones de responder a las preguntas que todos los niños humanos hacen alguna vez: ¿de dónde venimos? ¿por qué me hicieron nacer? Sin que la respuesta ponga a circular la ambigüedad de la palabra a la manera del código de barras. No olvidemos que si se trata del deseo, es deseo de nada nombrable; si coagula, se cosifica. Y a nadie se le ocurrirá preguntarle a un niño-objeto qué le parece ser adoptado por dos hombres o por dos mujeres. Y si fuera concebido ex profeso, a los fines de una pareja homosexual ¿qué padre prohibiría a la madre reintegrar su producto? ¿hay función paterna cuando un hombre se-ama en otro hombre? ¿si apenas podemos ir más allá de UN padre, cómo haríamos con DOS? ¿o no habría dos padres sino dos madres? ¿estas madres acompañarían al hijo a ir más allá de quién?
Transmitían la ley de qué padre? ¿Estaremos resucitando al Padre de la Horda? ¿estaremos vomitando la comida Totémica y la “santa anorexia” es el “resto que causa” a ser un resto? Mi hipótesis sobre el concepto de la familia homosexual intenta sostener que es un modo de pensar renegatorio acerca de los efectos que la anatomía humana le imprime al psiquismo.
Será responsabilidad de nuestro tiempo redefinir el concepto de familia como lugar topológico y virtual, donde se constituyen subjetividades hetero y homosexuales. A todo concepto, para que funcione como tal, lo soporta una ley: NO TODO es posible que sea dicho. Padre y madre también son conceptos por lo tanto cumplen una función diferente en cada caso y por el hecho de ser humanas dichas funciones, no sólo siempre son fallidas sino que se fundamentan sobre la base de la diferencia sexual anatómica, que bastantes conflictos nos trae. Y esto está lejos de ser una virtualidad, aún en las parejas homosexuales; pues a la hora de definirse como pareja parental, necesariamente deben apelar a la diferencia: un óvulo y un espermatozoide, equivalentes de la pareja heterosexual...
¿Será posible que alguna vez nos anticipemos, sirviéndonos de la tradición que nos fue legada filogenéticamente, aunque no esté de moda? ¿es necesario experimentar todo cuando se trata de seres humanos?¿ quién se hará cargo de las consecuencias?¿con qué herramientas les haremos frente?¿por qué hacemos de la historia un presente continuo?
Quizá deberíamos aprender a leer el malestar de nuestra cultura y prevenir males mayores. Apelando al término “pre-venir” como una lectura de la subjetividad de la época “antes de venir a instalarse”.
Tal vez esta contingencia nos sirva como vehículo para generar que la ética del deseo prevalezca sobre la ética del consumo, y llamemos a la familia: vínculo responsable de un lazo amoroso y a la homosexualidad: forma singular de dar respuesta a la sexualidad.
¿Cómo se normativizará un sujeto deseante en una sociedad en la cual el “heredero del Complejo de Edipo” ordene: TODO-VALE, NADA TE ESTÁ PROHIBIDO? Cuando los extremos de la tensión fundante entre el Yo Ideal y el Ideal del Yo no están definidos, la existencia se desliza entre el “todo vale- Nada sirve”. Ecuación tramposa si las hay… Resultado siniestro: ¿cuál será el límite entre la fertilidad asistida y la clonación? ¿Bajo qué égida se maduran tres óvulos y se descartan dos? Si dicho acto está permitido ¿cuál es la legitimidad de prohibir el aborto? No es aquél un acto de violencia sin sanción social ? ¿O debemos pensar el precio del deseo en el mercado?
En cuanto a las parejas homosexuales, que “eligen” sostener un vínculo amoroso que difiere del lazo que sostienen las parejas heterosexuales, no estarían en posición de considerar las consecuencias de la adopción, porque esta es una tarea que le compete al marco institucional en el que todo el tejido está integrado: le ley. Algunos sentimentales me dirán: “al menos tendrán un hogar”… No será un nuevo acto de violencia legalizado?¿ Los niños dados en adopción, también deberán pagar su existencia, dejándose tomar como complemento narcisista sin oportunidades de transitar por la elección del objeto de amor y la identificación al sexo de uno de los padres?
Desde el diván me pregunto: Para que la globalización no se apodere de todos nuestros conceptos ¿será necesario o contingente redefinir la libertad ?
Por qué seguir resolviendo el apremio de la vida del mismo modo que el acto electoral: elegir el mal menor?
El deseo de analista me anuda a la subjetividad de la época y no me permite perderme en ella. La solución que deviene de una trampa histórica, cuando no es una burda imitación de comedia yankee, se acerca peligrosamente a la canallada.
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