Nro 63 LA EDUCACION SEXUAL: UNA PRE-TENSIÓN IMPOSIBLE

Lic. José Mendez- Psicoanalista

¿En estos momentos tan vertiginoso para el mundo, el tema de la sexualidad ha sobrepasado los tabúes del pasado? El tabú es algo del orden de lo prohibido, y que representa cuestiones a evitar, y en esto la sexualidad no tiene ventaja, pues no tiene respuesta. Junto con el amor, la muerte, y el deseo; la sexualidad tampoco tiene respuesta. Son temas que siempre serán rodeados, pero nunca resueltos y son el eje de nuestras miserables vidas. Basta mirar alrededor de estos grandes clásicos de la humanidad para advertir la inmensa producción de hombres y mujeres en canciones, poesías, dibujos, fotos, comidas, amuletos, íconos, películas, libros, ropa, discusiones etc., etc.
Respecto al tema de la sexualidad asistimos diariamente en forma abierta y pública en los distintos medios (radial, televisivos, cine y gráfica) al abordaje de estos temas con la más grosera improvisación de hipótesis populares en boca y mano de cualquiera. Es decir, es un tema que insiste porque se resiste a una completa significación tranquilizadora y comparativa siempre con nuestra propia persona. La sexualidad resulta un tema tan complejo como oscuro pues no tiene modelo, es propio de cada persona y resultante de su propia singularidad.
Popularmente, hablar de sexualidad implica tres cuestiones: una diferencia sexual anatómica, el placer orgásmico y la reproducción, pero circunscribir el tema a estos conceptos es quedase a mitad de camino. La sexualidad así planteada responde a un esquema animal y no representa cuestiones de los seres humanos en su totalidad, aunque así parezca.
Los animales, acordes con su disposición genética se relacionan sexualmente para reproducir y mantener la especie, está dentro de su código genético, es su especie quien sostiene las distintas modalidades de aparearse en consonancia con sus posibilidades de masa muscular, color, peso, clima, etc. El hombre, además de contar potencialmente con la posibilidad de reproducir la especie está condicionado por la cultura, su discurso, lenguaje, región, religión, creencia, tabúes, clima etc., pero regulado por el placer. Esto marca sustanciales diferencias y nos invita a repensar el tema de la “educación sexual”.
Fijemos posiciones: no existe aspectos educativos que condiciones el camino de una “buena y definida sexualidad humana”. El buen sexo” pertenece a una clasificación de un esquema animal dogmática e ideológicamente represiva. Genitalidad no es igual a sexualidad, hay una diferencia fundamental y no es un problema semántico.
La genitalidad designa la anatomía que portamos todos, nuestros genitales, pene, testículos, vagina, esperma, óvulos, etc., pero el uso y el ejercicio de esos genitales (con la infinita variedad de miedos, perversiones, despropósitos, violaciones, exhibiciones, frigidez, impotencia, etc.) son propias de la singularidad psíquica de hombres y mujeres, esa es la sexualidad.
Colocadas las cosas de esta forma, la educación sexual es una utopía, pues en materia de sexualidad la singularidad de la portación, el ejercicio particular y personal, arrasa cualquier propósito colectivo. En ese caso, no hay educación sexual, sino información sobre los genitales.
La sexualidad tiene un ejercicio propio de cada uno de nosotros y se construye con cada causa personal, de ahí su singularidad. No hay genes en la psiquis, se construye con causas y azares, es un resultante de un proceso de vida, de la experiencia que como seres humanos vamos transitando la porción de vida que nos toca. Creer que la anatomía determina el sexo es una ilusión de saber, de la arrogancia de la ciencia que todo pretende responder, de imágenes ideales. Por ejemplo, un homosexual, o un travestis, o un transexual nos ponen la evidencia la disrupción entre el género anatómico y psiquis. Ser hombre o mujer en coincidencia con el cuerpo no es una virtud ni indicios de salud o “normalidad”, sino una casualidad constituida por las múltiples contingencias de nuestro medio social y familiar. De esta forma, la sexualidad de cada uno tiene metas y objetos con modalidades singulares de expresión; tanto la homosexualidad, sadismo, masoquismo, sodomía, necrofilia, fetichismos, transexualismo, etc., son apenas un tímido muestrario de la sexualidad, que simultáneamente tienen sus variantes particulares de quien las ejerza. Todo esto no califica, sino diferencia.
Mencionar, señalar, indicar, detallar o nombrar el aparato reproductor no es educación sexual, sino “educación genital”, asimismo indicar el “buen uso” del aparto reproductor es una cuestión ideológica absurda, pues no tiene porvenir. La “educación sexual” encubre la verdadera imposibilidad de hablar de la “verdadera sexualidad”, pues es única, nos pertenece a cada quien.
Confundir sexualidad con genitalidad es pretender ubicar el saber científico donde la tiene cada hombre y mujer, cada niño, cada adolescente: entonces, según mi opinión, educar en ese sentido implica enmascarar el verdadero sentido que tiene la sexualidad: es inasible. Es pretender hacer cree que aquí también hay un camino a seguir con garantías “científicas”. Extender los campos de la “normalidad” en materia sexual forma parte de un dogma ideológico, represivo, que imposibilita pensar, repitiendo modelos ajenos a la singularidad de cada uno y creyendo que la sexualidad humana puede dominarse. Estar informado asegura eso: información de catálogo.
Opino que “educación sexual” suena a “esto no debe hacerse”; si esto fuera así recuerdo que nuestro cuerpo es una sede inevitable de sensaciones imprevistas y resguarda la intimidad del alma, es nuestro continente inalienable más íntimo y personal que acarrea la historia única de cada uno de nosotros. Así, cualquier educación deberá filtrarse por ese poderoso tamiz.
Describir mecanismos sin sensaciones, es pura abstracción del saber. Una cosa es tener y describirlo, otra es ejercer lo que portamos y allí, el terreno de la descripción es una torpeza.
La sexualidad es un tema que convocará siempre y tienta a la fórmula fácil de la descripción, pero sólo responde a la singularidad de cada sujeto. Pero dejemos en claro que convoca siempre pues nos interroga y no da respuesta, esto lo demuestra la insistencia del tema a través del tiempo, aún en los momento de mayor libertad pública de los medios.
Ejercer la sexualidad es una íntima propiedad de los humanos, y el aspecto más importante e inalienable de nuestra vida, es un tema oscuro que despliega desvelos cotidianos; fue, es y será uno de los enigmas de la humanidad, más allá que lo intentemos universalizarlo con el saber.
Para finalizar voy a recordar que Sigmund Freud decía que con el dinero y la sexualidad, los seres humanos nos manejamos con hipocresía. Es decir, nunca decimos la verdad total.

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